top of page

Sanar la relación con tu cuerpo y la comida: por dónde empezar

  • Foto del escritor: psicologiamarinade
    psicologiamarinade
  • 28 ago
  • 4 min de lectura

Actualizado: hace 2 días

Una relación difícil con la comida o con el propio cuerpo no siempre se ve desde fuera. Comprender qué hay detrás de la culpa, la restricción y la preocupación constante por el cuerpo puede ser el primer paso para empezar a relacionarte contigo de otra manera.


Close-up view of a serene landscape with a calm lake

¿Cuándo la relación con la comida empieza a ocupar demasiado espacio en tu vida?


Comer forma parte de nuestra vida cotidiana. Sin embargo, para algunas personas, la comida, el peso o la imagen corporal terminan ocupando una cantidad considerable de espacio mental.

Pensar constantemente en qué comer, sentir culpa después de hacerlo, evitar determinados alimentos por miedo a engordar, compensar después de una comida, pesarse con frecuencia o sentir que nuestro cuerpo nunca es suficiente pueden generar un malestar que va mucho más allá de la alimentación.

Y hay algo importante: no es necesario que exista un diagnóstico de trastorno de la conducta alimentaria para que exista sufrimiento.

Una relación rígida o conflictiva con la comida y con el propio cuerpo puede afectar a la autoestima, al estado de ánimo, a las relaciones sociales y a la manera en la que vivimos nuestro día a día.

Los trastornos de la conducta alimentaria son problemas de salud mental complejos en los que intervienen diferentes factores —biológicos, psicológicos, conductuales y sociales—. Además, pueden aparecer en personas con cuerpos y pesos muy diferentes. No podemos saber si alguien tiene un TCA simplemente observando su cuerpo.


La culpa no ayuda a construir una relación saludable con la comida.

Uno de los patrones que puede mantener el malestar es sentir que hemos hecho algo “bien” o “mal” después de comer.

Cuando determinados alimentos se convierten en alimentos “prohibidos”, pueden aparecer pensamientos como: “Esto no debería haberlo comido.”“Mañana tendré que compensarlo.” “Ya que me lo he saltado, da igual lo que coma.”

Estos pensamientos pueden alimentar un ciclo de restricción, pérdida de control y posterior culpa.

Por eso, trabajar la relación con la comida no consiste simplemente en aprender qué alimentos son saludables.

También implica revisar las reglas rígidas, los pensamientos, las emociones y las conductas que aparecen alrededor de la alimentación.

En terapia podemos empezar a preguntarnos:

  • ¿Qué significado tiene para mí comer determinados alimentos?

  • ¿Qué pienso cuando siento que no he comido “perfectamente”?

  • ¿Qué hago después de comer algo que considero prohibido?

  • ¿Cuánto condicionan mis decisiones alimentarias el miedo al peso o a engordar?

  • ¿Qué emociones aparecen alrededor de la comida?

Comprender este ciclo es un primer paso para poder empezar a modificarlo.


Y también está la relación con tu cuerpo.


A veces el problema no empieza en el plato, sino delante del espejo.

Compararnos continuamente con otras personas, comprobar nuestro cuerpo, evitar determinadas prendas, dejar de hacer planes porque no nos sentimos cómodas con nuestra apariencia o pensar que necesitamos cambiar nuestro cuerpo para poder sentirnos bien puede terminar condicionando nuestra vida.

La imagen corporal no es únicamente cómo vemos nuestro cuerpo. También incluye lo que pensamos, sentimos y hacemos en relación con él.

Por eso, mejorar la relación con nuestro cuerpo no significa necesariamente aprender a gustarnos todos los días.

Puede significar avanzar hacia una relación más flexible, respetuosa y menos condicionada por la apariencia.


Las redes sociales y la comparación inevitable.


Vivimos rodeados de imágenes que muestran determinados cuerpos, estilos de vida y formas de alimentación como si fueran el estándar que deberíamos alcanzar.

El problema no es necesariamente una fotografía concreta, sino la exposición repetida a determinados ideales y la comparación que puede producirse con ellos.

Cuando nuestra atención se centra constantemente en cómo deberíamos vernos, podemos terminar evaluando nuestro propio cuerpo desde unos estándares muy difíciles de alcanzar.

Por eso, revisar qué contenidos consumimos, cuánto tiempo pasamos expuestos a ellos y cómo nos hacen sentir también puede formar parte del proceso de cuidado.

No se trata de eliminar las redes sociales de nuestra vida necesariamente, sino de preguntarnos:

¿Cómo me siento después de consumir este contenido?

¿Me acerca a la persona que quiero ser o aumenta mi preocupación por mi cuerpo?


¿Qué trabajamos en terapia?

Desde la Terapia Cognitivo-Conductual podemos trabajar los diferentes factores que están manteniendo el malestar.

Entre ellos:

  • Identificar pensamientos rígidos relacionados con el peso, la comida y el cuerpo.

  • Comprender qué situaciones desencadenan determinadas conductas.

  • Trabajar la culpa y el miedo asociados a la alimentación.

  • Reducir conductas de comprobación y evitación relacionadas con la imagen corporal.

  • Aprender estrategias de regulación emocional.

  • Construir una relación más flexible con la alimentación.

  • Trabajar la autoestima más allá de la apariencia física.

En el tratamiento psicológico de los TCA, las intervenciones se adaptan a las necesidades de cada persona y pueden incluir aspectos como la alimentación, los pensamientos relacionados con el cuerpo y el peso, la regulación emocional, la autoestima y la prevención de recaídas.

Por eso, no existe una única solución válida para todo el mundo. Antes de decidir qué trabajar, es importante comprender qué está ocurriendo y qué factores están manteniendo el problema.


¿Sientes que tu relación con la comida o con tu cuerpo está condicionando tu día a día?

Podemos trabajar en ello en terapia.


 
 
 

Comentarios


bottom of page